miércoles, 21 de abril de 2010

EL ÚLTIMO CARTERO

Correo que nos envían desde Zaragoza. 21/8/07.
Hola. Hace un tiempo leí en la Web de Acrijos tu mensaje y hoy me decido a escribirte. Soy, nacído en Acrijos y vivo en Zaragoza. En casa escuché de niño alguna vez a mis padres, ya murieron los dos, la historia de tu abuelo y del maestro de Fitero. El otro día comentándolo con un hermano que es algo mayor también se acordaba y me dijo: "les dieron una mala muerte".

Te cuento. Cuando ya vivíamos en Zaragoza subíamos al pueblo donde estaban mis padres, pues éramos carteros y hasta el final. Llegábamos en autobús hasta Tudela, allí cogíamos otro, pasábamos por Cintruénigo, Corella, Fitero, los Baños de Fitero, hasta el Puente San García. Allí nos bajábamos y el autobús continuaba hasta Cervera y Aguilar del Río Alhama. Cuando volvía lo cogíamos otra vez y pasábamos por Igea hasta Cornago. Allí nos esperaban con caballerías o subíamos andando hasta Acrijos. Pasábamos por Valderramblo, la peña Zanzano, el Corro, el Borreguil y la Muga. En esa zona confluían unos barrancos que daban a lo de Fuentebella.

¿Siguió tu abuelo este camino?

Cada tarde pasábamos a Fuentebella, por Valmayor, a repartir la correspondencia, que antes habíamos recogido en San Pedro Manrique, además éramos cazadores y nos conocíamos todos el territorio como la palma de la mano. Efectivamente por esa zona entre Acrijos y Fuentebella había corrales, en Valmayor.

En fin, no se si esto que te cuento te servirá de algo. Hoy en día aquello está lleno de maleza y de pinos, todos aquellos pueblos los vendieron para plantar pinos, incluidos Acrijos y Fuentebella.

Te deseo toda la suerte del mundo. Si me entero de algo más concreto te lo haré llegar. Yo aquí en Zaragoza ejerzo de periodista (corresponsal de El Mundo, antes de El País) y escribo algunos libros. En el último que termino, una especie de menorías-novela, cuento los recuerdos de alguien a quien han echado de su pueblo para construir un pantano.

La sequía hace descender el nivel del embalse y emerge de entre las aguas el pueblo deshabitado y va a su encuentro. Allí en las ruinas de su casa recuerda cómo era la vida en Acrijos.

Estos antecedentes son para que se entienda mejor el pequeño capítulo que te envió en el que los mayores cuentan algo de la Guerra Civil. Saludos



Texto extraído de su libro, todavía no editado.

EL ÚLTIMO CARTERO

VII

Una escalera de diez peldaños conducía a la parte de arriba de la casa. Ya no queda nada y se ven hasta las vigas del techo. La puerta era liviana, tenía un picaporte, y siempre había clavado algún calendario de la Caja de Ahorros o de alguna casa de fertilizantes, "Nitrato de Chile", por ejemplo, con escenas de caza o bodegones con naturaleza muerta. Unos perros persiguen a un ciervo herido, que huye cruzando el río, mientras que los cazadores con sus escopetas quedan rezagados.

En el rellano permanece el espíritu de la abuela Nemesia. Nos mira mientras comemos alrededor de la lumbre.

Llegaba, se sentaba en el pasillo, se ataba el pañuelo negro que siempre llevaba en la cabeza, y se quedaba observándonos en silencio. Lo llenaba todo con su presencia. Aunque no dijera nada sabíamos que estaba allí.

Cada vez que venía a casa nos traía nueces, castañas, pasas, corruscos de pan, cucas. Su halda parecía un bazar de ilusiones.

!Cuánto sufrió la pobre! Le mataron al tío León en la guerra y quería cortarle un dedo al otro hijo para que lo declararan inútil y así librarse de ser movilizado.

-"Al otro no, al otro no", suplicaba entre sollozos.

Los mayores no hablaban mucho de la Guerra. No hablaban casi nada. En Acrijos hubo, supongo, como en todos los sitios, del bando de los vencedores y de los vencidos, de los unos y de los otros. No creo que nadie se acordara de que existía un pueblo perdido e incomunicado en la montaña. Solo figuraba en la lista de movilizados y luego en la relación de muertos.

La posguerra, entendida como retraso y miseria, se prolongó para nosotros durante toda la vida mientras estuvimos en el pueblo. Éramos tan pobres que creíamos que la luna era más pequeña en nuestro pueblo. Escasamente la veíamos asomarse por entre los picos.

La abuela nos contaba historias de la guerra. El tío Zenón, de ideas contrarias al Régimen vencedor, se escondió en un pajar del pueblo, detrás de un montón de gavillas de alfalfa, donde permaneció durante mucho tiempo. Era uno de los llamados "topos".

Quienes le buscaban, se supone que para darle el "paseo", fueron quitando un día, una a una, todas las gavillas hasta llegar casi a la última. La historia, según la contaba la abuela, concluía con que en ese preciso momento, quién sabe por qué, tal vez por intervención divina o simplemente porque se habían cansado o pensaban que no estaba, se marchaban y no lo encontraban.

Alguna vez escuché en casa, contada en voz baja, la triste historia del alcalde de Pitillas, Antonio Cabrero, y del maestro de Fitero, Valentín Llorente, nacido en Igea, que llegaron a Acrijos huyendo, con el aliento de la venganza en el cogote. Pasaron más de un mes en el monte, por los corrales de Valmayor y el barranco Zanzano, luego marcharon a Fuentebella y allí fueron capturados y les dieron una mala muerte. ¿Pero, quién? Muchos años después, un nieto del alcalde escribió para reclamar de los antiguos vecinos de Acrijos datos y así poder recuperar sus restos que deben estar en algún lugar perdidos.

En mi mente resuenan como cuchillos las palabras de madre:
- Los mataron como a conejos. Cuentan que estuvieron varios días malheridos.
- Mira tú qué mal habrían hecho un maestro y un alcalde de pueblo- apuntaba padre.



La abuela se sabía hazañas y aventuras de maquis y de contrabandistas. Eran hombres que tenían las montañas no como una frontera sino como su casa, donde se desenvolvían a sus anchas.

Los contrabandistas eran astutos e inventaban mil argucias para despistar a sus perseguidores. Colocaban las herraduras de los mulos al revés, lo de atrás para adelante. Los carabineros seguían las huellas sobre la nieve y se alejaban cada vez más en sentido contrario. Otras veces envolvían las patas de las caballerías con trapos tanto para no dejar huellas como para que no resbalasen sobre el hielo y la nieve.

Recuerdo haber comido en casa pan negro de centeno y escuchado las historias de estraperlo que contaba madre. Una vez estuvieron todo un día andando, monte a través, para conseguir algo de aceite, azúcar y pan blanco y cuando ya regresaban con las provisiones les interceptaron en el camino y se lo quitaron todo. Tuvieron que volverse a casa con las manos vacías.

Supe tiempo después que el término estraperlo tuvo su origen en el escándalo protagonizado por un judío holandés, nacionalizado mejicano, David Strauss, y su socio, Perlo, que pretendían introducir en España una ruleta eléctrica, que habían inventado, que sustituiría el azar por la habilidad.

Buscaron influencias políticas, hubo sobornos, denuncias y escándalos y la palabra estraperlo - de Strauss y Perlo- se empleó desde entonces para todos los negocios sucios.


5/9/07. Respuesta a su testimonio.
Le escribo para presentarme y agradecerle su correo. Ya antes intenté contactar con usted, pues buscando a personas de la zona, encontré en la Web la página de Acrijos en la que hacen referencia a su persona como periodista de Acrijos.

Entre los testimonios hay alguno que hace referencia a como les mataron. Unos dicen que les dispararon y les mataron, pero otros apuntan a que la forma de matarlos pudo ser si cabe más violenta. En el capítulo que me envía de su libro hace referencia a las palabras de su madre en las que dice que tuvieron mala muerte; que les mataron como a conejos y que estuvieron días malheridos.

Me gustaría que si le es posible me contara algo más sobre esto, ya que cualquier detalle nos ayudaría a contrastar una versión mas ajustada de lo sucedido. Quisiera comprar un ejemplar de su libro, por lo que le agradecería que me dijera el título del mismo. Le agradecería asimismo que divulgara nuestra búsqueda en cualquier foro que crea conveniente.

Agradeciéndole su atención. Un saludo.

Correo desde Zaragoza. 5 de septiembre de 2007
Fusilamiento del Alcalde de Pitillas

Hola amigo.
No puedo por menos que responderte inmediatamente nada más leer la historia tan emocionante, tan cruel y tan escalofriante de tu abuelo y el maestro de Fitero. Es también la historia de tu familia y la tuya propia en el empeño por localizarlos.

Sin duda, aportas gran cantidad de datos que yo ignoraba y que ni siquiera había oído hablar en casa. Hay nombres de nuevos lugares como Moscares, los Hoyuelos, peña Esbariza o el barranco Pertigoso. Algunos los tengo ubicados pero otros no.

Sí conocí a los hermanos Fabián y Cirilo Delgado. Tanto de Acrijos como de Fuentebella era frecuente que en invierno, de pastores, o para la vendimia los mozos se fueran a la mejana de Tudela, a otros pueblos navarros o a la zona de Olite y Tafalla que decían era "la flor de Navarra". En Fitero también hay varias familias de Acrijos o parientes.

¡Qué historia!. Comprendo que haya marcado la vida de tu abuela, tu padre y la tuya propia. Veo que tenéis encauzado perfectamente el tema. Sigo con la oferta de que si me entero de algo más concreto te lo haré llegar y veré de poder publicar algo en algún periódico de Soria.

Sobre la frase de mi madre: "los cogieron como a conejos y los dejaron malheridos", no tiene por qué ser literal, pues el libro (todavía no se ha publicado) es mitad real y mitad ficción. Aunque haciendo memoria si que era una opinión extendida sobre una agonía más o menos lenta. Ahora que lo recuerdo también lo de que les llevaban comida a escondidas me suena. Qué lastima que no vivan mis padres, ellos sí que darían detalles. Yo tengo 55 años, me fui del pueblo a los 9 ó 10 años a estudiar fuera aunque volvía los veranos, pero no es lo mismo que vivir de continuo allí.

Un cordial saludo.